PROFETA ZACARIAS
Zacarías
PROFETA ZACARIAS
Figuras grotescas
Miguel Ángel Buonarroti, "Cuatro cabezas grotescas; estudio de Hércules y Anteo", ca. 1524-25, sanguina, grupo sobre lápiz negro
Aprendizaje
Los dos primeros dibujos conservados de Miguel Angel, que probablemente datan de la etapa de aprendizaje con Ghirlandaio y del período que pasó estudiando en el Jardín de los Médicis (1489), son copias de Ghirlandaio, Giuotto y Masaccio. Ambas copias, a sanguina – una de las cuales aún se conserva en la casa Buonarroti, donde antes se guardaba la otra hasta su traslado a Haarlem- , evidencian la timidez propia de un principiante a la vez que algo que acabará constituyendo una característica del arte de Miguel Angel: su fidelidad a la obra original al tiempo que la modifica introduciendo ciertos detalles secundarios con el fin de adaptarla a su gusto por la sencillez.
Posteriormente en un segundo grupo de dibujos, no se contentó simplemente con imitar sus modelos; los perfeccionó y desarrolló sus tendencias inherentes. Tales dibujos expresan con una intensidad hasta entonces desconocida el efecto de espesor y movimiento de los materiales, su peso y, al mismo tiempo, la fuerza del cuerpo que revisten. De esta forma Miguel Angel confiere a las figuras una solidez y monumentalidad nuevas. La relación causa-efecto entre el cuerpo y la indumentaria, que apenas se insinúa en sus modelos, acaba volviéndose el centro de interés de Miguel Angel, el cual estimulado por el nuevo aspecto que cobran así sus figuras, transforma también las cabezas, confiriéndoles una expresión de intensidad psíquica y una gravedad de las que carecen sus prototipos. Los cuerpos adquieren un ritmo orgánico, como si se los hubiese creado a partir de una sustancia maleable. Sin un solo gesto que quiebre la línea de sus compactas siluetas, las figuras reflejan una vitalidad interna muy superior en virtud tan sólo de su volumen y peso
Posteriormente en un segundo grupo de dibujos, no se contentó simplemente con imitar sus modelos; los perfeccionó y desarrolló sus tendencias inherentes. Tales dibujos expresan con una intensidad hasta entonces desconocida el efecto de espesor y movimiento de los materiales, su peso y, al mismo tiempo, la fuerza del cuerpo que revisten. De esta forma Miguel Angel confiere a las figuras una solidez y monumentalidad nuevas. La relación causa-efecto entre el cuerpo y la indumentaria, que apenas se insinúa en sus modelos, acaba volviéndose el centro de interés de Miguel Angel, el cual estimulado por el nuevo aspecto que cobran así sus figuras, transforma también las cabezas, confiriéndoles una expresión de intensidad psíquica y una gravedad de las que carecen sus prototipos. Los cuerpos adquieren un ritmo orgánico, como si se los hubiese creado a partir de una sustancia maleable. Sin un solo gesto que quiebre la línea de sus compactas siluetas, las figuras reflejan una vitalidad interna muy superior en virtud tan sólo de su volumen y peso
SONETOS COMPLETOS XIX
.
Tan amigo a la fría piedra le es su fuego
que, si con un golpe, la circunscribe,
aunque la queme y despedace, aun vive
uniendo con ello otras para lugar duradero.
Y si resiste en la hornaza, vence al estío
o al invierno, y alcanza mayor valor que
antes, como purgada entre las altas y divinas
almas que al cielo volviese del infierno.
Librado de mi, si me disuelve el fuego,
que dentro me es como un juego oculto,
ardo y me apago y aun puedo vivir mucho.
Entonces, si vivo hecho humo y polvo,
eterno bien seré, si me endurezco al fuego;
y quien me golpea no es hierro sino oro.
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Miguel Ángel Buonarroti
Tan amigo a la fría piedra le es su fuego
que, si con un golpe, la circunscribe,
aunque la queme y despedace, aun vive
uniendo con ello otras para lugar duradero.
Y si resiste en la hornaza, vence al estío
o al invierno, y alcanza mayor valor que
antes, como purgada entre las altas y divinas
almas que al cielo volviese del infierno.
Librado de mi, si me disuelve el fuego,
que dentro me es como un juego oculto,
ardo y me apago y aun puedo vivir mucho.
Entonces, si vivo hecho humo y polvo,
eterno bien seré, si me endurezco al fuego;
y quien me golpea no es hierro sino oro.
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Miguel Ángel Buonarroti
SONETOS COMPLETOS XVIII
.
Sólo con fuego el herrero el hierro extiende
por hacer su trabajo igual a su concepto,
ni sin fuego artista alguno el oro
ni el singular fénix se rehace
si no ardió primero; por lo que, si ardiendo muero,
espero mas claro resurgir entre aquellos
a quienes muerte enaltece y no ofende el tiempo.
Del fuego que hablo me es gran ventura
aun para renovarme en mí tenerlo,
contándome ya casi entre los muertos.
O bien, si al cielo asciende por natura,
a su elemento, y estoy convertido en fuego
¿cómo ocurrirá que consigo no me suba?
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Miguel Ángel Buonarroti
Sólo con fuego el herrero el hierro extiende
por hacer su trabajo igual a su concepto,
ni sin fuego artista alguno el oro
ni el singular fénix se rehace
si no ardió primero; por lo que, si ardiendo muero,
espero mas claro resurgir entre aquellos
a quienes muerte enaltece y no ofende el tiempo.
Del fuego que hablo me es gran ventura
aun para renovarme en mí tenerlo,
contándome ya casi entre los muertos.
O bien, si al cielo asciende por natura,
a su elemento, y estoy convertido en fuego
¿cómo ocurrirá que consigo no me suba?
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Miguel Ángel Buonarroti
SONETOS COMPLETOS XVII
.
Si yo hubiera creído a la primera mirada
al cálido sol de esta fénix alma
por fuego renovarme, como acostumbra ella
en la vejez extrema, en el que entero ardo,
cual velocísimo ciervo, lince o leopardo
sigue su bien y del dolor escapa,
a los actos, sonrisas y honestas palabras
corriendo habría ido, mas soy presto tarde.
¿Pero por qué dolerme, si veo
en los ojos de este ángel único y contento
mi paz, mi reposo y mi entera salud?
Peor hubiera sido -quizá- primeramente
verlo y oírlo, que ahora con igual vuelo
consigo me arrastra a seguir su virtud.
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Miguel Ángel Buonarroti
Si yo hubiera creído a la primera mirada
al cálido sol de esta fénix alma
por fuego renovarme, como acostumbra ella
en la vejez extrema, en el que entero ardo,
cual velocísimo ciervo, lince o leopardo
sigue su bien y del dolor escapa,
a los actos, sonrisas y honestas palabras
corriendo habría ido, mas soy presto tarde.
¿Pero por qué dolerme, si veo
en los ojos de este ángel único y contento
mi paz, mi reposo y mi entera salud?
Peor hubiera sido -quizá- primeramente
verlo y oírlo, que ahora con igual vuelo
consigo me arrastra a seguir su virtud.
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Miguel Ángel Buonarroti
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