Espero que logréis admirar la obra de este genio como lo hago yo, este es un pobre resumen de la grandeza de su obra y su vida


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Documento capilla sixtina

(La imagen del documento ha sido borrada de acuerdo con la ley de protección de datos europea)


Volumen de papel, 435 x 293 mm., 515 folios, encuadernado en pergamino, en el dorso, entre los nervios, el escudo de Inocencio XII y en alto: Pauli III brevium minutae anni MDXXXV mens. jul. aug. sept.
ASV, Arm. XL, 52, f. 31r

Entre las minutas de breves de Pablo III (1534-1549) dos se refieren a Miguel Ángel Buonarrotti (Arm. XL, 52, f. 30 bis y f. 31). Es de especial interés la presente minuta del breve que el pontífice dirigió al artista florentino el 1 de septiembre de 1535. Miguel Ángel, como es bien sabido, tras la muerte del padre, cada vez estaba más a disgusto por la nueva situación política que se estaba creando en Florencia, y en 1534 dejaba definitivamente la ciudad toscana para trasladarse a Roma, donde Clemente VII, que en otros tiempos estuvo enfadado con el artista aunque siempre tendió a proteger al genio, le habría encargado el fresco del Juicio Universal de la Capilla Sixtina: «En ese tiempo - escribe Vasari - el papa [Clemente VII] quiso tenerlo cerca ya que deseaba pintar las fachadas de la capilla de Sixto, en las que él había pintado la bóveda para Julio II, su sobrino; en sus fachadas, Clemente quería que en la principal, donde se encuentra el altar, se pintara el Juicio Universal, para demostrar en esa obra todo lo que el arte de la pintura podía ofrecer».

Al morir poco después el papa Clemente VII (25 de septiembre de 1534), su sucesor, Pablo III, confirmaba a Miguel Ángel el encargo del Juicio, y con el presente breve concedía honores y un sueldo adecuado al artista que mientras tanto había empezado a planificar la obra.
Tras haber elogiado al pintor, aquí definido por el papa como una «gloria de nuestro siglo», verdadero heredero del arte clásico e innovador genial (a partir de la segunda línea: Excellentia virtutis tuae cum in sculptura et pictura tum in omni architectura quibus te et nostrum seculum ampliter exornasti, veteres non solum adequando, sed congestis in te omnibus quae singula illos admirandos reddebant prope superando...), el pontífice ordenaba que Miguel Ángel fuera incluido en la «familia» pontificia y tuviera todos los honores correspondientes. Asimismo, establecía que como retribución por el fresco del Juicio Universal y otras obras que en futuro se le habrían encargado, disfrutara de una renta vitalicia de 1.200 escudos de oro al año, una parte de los cuales (600 escudos) se le asignaban mediante el presente documento de las rentas del Paso del Po, en Piacenza, que en aquel momento estaban en manos de Francesco Burla, entonces fallecido (la disposición pontificia a partir de la línea 14: Et insuper cum nos tibi pro depingendo a te pariete altaris Cappellae nostrae pictura et historia ultimi iudicii, ad laborem et virtutem tuam in hoc et caeteris operibus in Palatio nostro a te, si opus fuerit, faciendis, remunerandos et satisfaciendos introitum et redditum mille et ducentorum scutorum auri annuatim ad vitam tuam promiserimus, prout etiam promittimus per presentes, Nos ut dictum opus a te incohari coeptum prosequaris et perficias, et si quo alio in opere voluerimus nobis inservias, Passum Padi prope Placentiam, quem quondam Io(hannes), Franciscus Burla dum viveret obtinebat, cum solitis emolumentis, iurisdictionibus, honoribus et oneribus suis pro parte dicti introitus tibi promissi, videlicet pro sexcentis scutis auri [...] ad vitam tuam auctoritate apostolica tenore presentium tibi concedimus [...]). Miguel Ángel recibió el nuevo beneficio mediante su procurador, Agostino da Lodi, que escribía desde Piacenza el 30 de septiembre de 1536: «La presente para comunicaros que hoy he tomado posesión en vuestro nombre del Paso del Po aquí, en el modo en que me fue escrito».

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